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El corcho sobre el río – Virgilio Díaz Grullón

Apenas transcurrió ese espacio de tiempo –sin medida ni definición posibles- que sucede al instante preciso de despertar, y durante el cual parece que recogemos los trozos dispersos de nuestra mente y los unimos con rapidez mágica para formar de golpe el rompecabezas de nuestro mundo consciente; tan pronto se sintió vivo una vez más y recordó que se llamaba Luis Almovar, y se le reveló que justamente amanecía el día doce de julio saltó de la cama y caminó con decisión hacia el lavabo que se levantaba en un rincón de la estancia. No fue sino después de haberse salpicado la cara con agua fresca, y mientras buscabas a tientas la colgada a su lado, cuando reparó, a través de los ojos entrecerrados, en el sobre blanco que reposaba en suelo, junto a la puerta cerrada de la habitación.
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La desgracia - Juan Bosch

         El viejo Nicasio no acaba de hallarse a gusto con el aspecto de la mañana. Mala cosa era coger el camino a pie y que le cayera arriba el aguacero y se botara el río y se llenara de lodo la vereda del conuco.
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El sedicioso - Virgilio Díaz Grullón

Lo trajeron engrillado y con escolta escolta a la hora en que el capitán Núñez solía descansar su sueñito cotidiano en el patio de la fortaleza, a la sombra de los muros que se levantaban a ambos lados del enorme portón que daba acceso al recinto.
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Trágica cacería - Michelangelo Antonioni

El 13 diciembre de 1975, cuarenta y dos personas salieron para cazar cocodrilos en la isla de Java. 28 hombres, 14 mujeres. Ellos rentaron dos botes y, cargaron provisiones, siguieron a lo largo del río.
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Ingreso complementario - Thomas Bernhard

Para nuestro horror, el vecino cual teníamos pensado por décadas que era el más sano y trabajador, siempre pensamos, el más contento de todos nuestros vecinos se había convertido en un homicida. El hombre, un capataz en una fundición de zinc en Vorchdorf, quien salía de casa a las seis para pasar el anochecer con su esposa y su dos niños y del quien incluso el departamento bomberos, al cual, dentro de lo normal, él ha pertenecido desde que tenía diez, habló sólo en términos de elogios, así como el párroco, que a menudo lo había convencido de arreglar la iglesia, libre de cargos por supuesto, supuestamente asesinó a una mesmerista que vivía cerca de Vorchdorf y era ampliamente conocida y querida, porque, cuando él irrumpió dentro de su casa en la calle central en la cual él supuso que encontraría el dinero que la mesmerista y sanadora había obtenido de sus clientela en horas extras y escondido lejos, ella lo sorprendió en el acto. Nuestro vecino le contó a la policía que él quería complementar su ingreso porque la fundición de zinc le pagaba muy poco.

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